Comprar
×

Añadir a la cesta
×

Este artículo se ha añadido a sus artículos guardados. El artículo se ha añadido a la cesta.

Ver Artículos Guardados () Seguir comprando Ver La Cesta () Finalizar Compra

Create an account or sign in to your Tiffany.com account to permanently save this item to your Saved Items.

Al utilizar nuestro sitio web, usted acepta el uso de las cookies. Para cambiar las preferencias de cookies, consulte nuestra Política de cookies.
×

Esto Es Tiffany

9/11

UN LEGADO
COLORIDO

Una conversación íntima entre la legendaria diseñadora Paloma Picasso y el director emérito de diseño de Tiffany, John Loring, sobre el 35 aniversario de la diseñadora con Tiffany & Co.

Entrevista por John Loring
Bodegón por Robin Broadbent

Arriba: Picasso con su hija Paloma en la exposición de cerámica de verano, Vallauris, 1951, foto por Edward Quinn©. Abajo, derecha: Pablo Picasso con su compañera Françoise Gilot, Vallauris, 1951, foto por Robert Capa©.

Paloma Picasso ha sido una fuerza creativa desde el día que nació. Hija de los artistas Françoise Gilot y Pablo Picasso, creció en Francia rodeada de arte y siempre fue motivada para crear por sí misma, lo cual hizo con desenfreno, primero con sus dibujos de la infancia y, luego, a través de sus emblemáticas colecciones de joyería para Tiffany.

Se unió a la marca en 1980, en el punto álgido del movimiento punk, y causó sensación con su colección Graffiti, que convirtió los elementos del descarnado arte callejero de Nueva York en indispensables detalles chic.

Con sus llamativos rasgos, Paloma fue también una de las modelos favoritas de artistas y fotógrafos como Andy Warhol, y se relacionó de forma cercana con diseñadores como Yves Saint Laurent. Fue nombrada miembro de la Lista Internacional de las Personas Mejores Vestidas en 1983 y sus diseños están en las colecciones permanentes del Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano en Washington, D.C. y en el Museo Field de Historia Natural en Chicago.

Para conmemorar su 35 aniversario con Tiffany, Paloma se sentó para conversar íntimamente con el director emérito de diseño John Loring, un amigo de toda la vida y también el responsable de haberla traído a Tiffany & Co.

JOHN LORING: Cuando nos conocimos en Venecia en un almuerzo que Peggy Guggenheim dio en su palacio en el Gran Canal, todavía eras una adolescente. Ibas increíblemente bien vestida y llevabas un collar de cuentas naranjas hecho por ti. Poco tiempo después, te hicimos una serie de fotos en las que estabas cubierta de joyas de oro. ¿Cómo empezó tu fascinación con las joyas?

PALOMA PICASSO: Siempre me interesaron las joyas de mi madre. Y mi padre hacía piezas de joyería para ella o para mí o para amigos muy cercanos. Mi madre tenía un gabinete realmente elegante en París donde guardaba sus joyas. Había montones de cajoncitos, y yo le preguntaba: «¿Podemos usar tus joyas?». La idea era que ella dijera: «Bueno, quizá puedas quedarte con esta cuando seas mayor». Aunque por entonces era un poco chicazo, siempre me gustaron las joyas. Hice ese collar de cuentas naranja porque tenía un par de zapatos de color naranja brillante, y me pareció algo muy sofisticado.

«Mi objetivo en la vida es hacer las cosas más bellas».

Arriba: Paloma Picasso por John Loring.

JL: Tienes un estilo muy personal que desarrollaste desde muy temprano. ¿Dónde comenzó el look Paloma Picasso?

PP: Tengo rasgos muy marcados: cabello negro, piel blanca, ojos oscuros. Me veo a mí misma como un gran contraste. Cuando la primera cámara de color Polaroid salió al mercado, la imagen parecía más bien un dibujo o una pintura, todo negro, blanco y rojo. Pensé: «Este es el look correcto, y debería mantenerlo». Ahora he dejado el pintalabios rojo, pero sigo diseñando con un montón de contrastes.

JL: ¿Es el diseño una expresión visual de una personalidad con sus amores y pasiones, algo así como un autorretrato abstracto?

PP: Para mí sí que lo es. Obviamente, haber nacido en una familia de pintores ha influido en el sentido de que todo lo que veo, lo veo como una imagen. Mi objetivo en la vida es hacer las cosas más bellas, ya sea diseñando joyas o decorando un apartamento. Y no es tan superficial como pueden pensar algunos. Pienso que es muy profundo y significativo.

JL: Entonces tu niñez rodeada por el gran arte de tu padre y de tu madre sí que ejerció gran influencia sobre ti.

PP: Totalmente. Como era una niña muy tranquila, podía pasar horas enteras junto a mi padre, y él me daba papel y lápiz para que dibujara. De niña, siempre estaba dibujando. Luego, de adolescente, empecé a cohibirme porque la gente me preguntaba mucho qué quería ser de mayor. ¿Vas a ser pintora como tu padre y tu madre? Pensaba que mejor no, que era mejor encontrar otra cosa que hacer con mi vida. Empecé a hacer joyas y me di cuenta de que eso me hacía feliz, y de que podía hacer feliz a otras personas al crear cosas que a ellos les gustaran. Hay algo muy personal en diseñar joyas. Muy a menudo está relacionado con sentimientos y emociones, o es un regalo o una herencia familiar. Hay una conexión muy profunda con las personas que usan las joyas. Realmente pasas a ser parte de la vida de alguien.

JL: Recuerdo que me hiciste un cinturón espectacular que, de hecho, se volvió parte de mi vida. La moda es algo que amas y siempre estás un poco por delante. Tú nunca seguirías la moda, sino que vas varios pasos delante de ella. Y has tenido como amigos cercanos a muchos de los grandes del mundo de la moda, como Yves Saint Laurent. ¿Qué influencia han tenido esos amigos en tu trabajo?

PP: Suelen gustarme las formas voluptuosas y sencillas. Yves y yo nos hicimos tan amigos porque reconocimos en cada uno una similitud en cómo abordábamos el diseño, el estilo y el color. Era un colorista maravilloso.

JL: Pasaste toda tu juventud rodeada de cosas extraordinariamente bellas y elegantes. ¿Crees que eso te enseñó a diferenciar las cosas bellas de las que no lo son?

PP: Por supuesto. Siempre he dicho que el primer acto de la creatividad consiste en alejar de ti las cosas que no te gustan. Luego reduces la lista a lo que sí te gusta y lo que quieres.

JL: ¿Qué fue lo que te hizo diseñar joyas para Tiffany?

PP: La primera vez que vine a Nueva York y vi el edificio Tiffany, pensé: «¡Guau! Este es un lugar realmente extraordinario». Lo vi como una inmensa caja fuerte en la esquina de la calle 57 y la Quinta Avenida. Y pienso que es muy lógico. Si tienes las joyas más bellas del mundo, debes guardarlas en una caja fuerte fabulosa. Me encantó el hecho de que el edificio fuese tan imponente y de que los escaparates por los que se ven las joyas fueran tan pequeños y estuvieran tan bien decorados, me pareció algo mágico.

JL: Tu colección Graffiti, presentada por primera vez en 1983, destacaba dos líneas audaces cruzadas que formaban una X y una sola línea ondulada sinuosa, todo transformado por ti en unas joyas de oro totalmente originales y estilizadas. ¿Qué inspiró esos diseños, ahora emblemáticos?

«Hay algo muy personal en diseñar joyas. Realmente pasas a ser parte de la vida de alguien».

Arriba, de arriba a abajo: Paloma Picasso por Albert Watson. Paloma Picasso, Saint-Tropez, 1973 © The Helmut Newton Estate/Maconochie Photography.

PP: Bueno, en esos momentos el graffiti era la novedad. Las personas empezaban a hacer sus marcas en el metro y en las paredes, y todo el mundo decía que eso era indignante. Lo pensé bien y me dije, ¿por qué no lo miro desde otra perspectiva e intento hacer algo positivo con esas marcas? Pensé en mi primera experiencia en un país de habla inglesa siendo una niña pequeña, y en que la niña con la que vivía en Inglaterra ponía tres X al final de las cartas. No tenía la menor idea de lo que significaba, así que ella me explicó que eran besos, y me pareció algo muy original. No es ninguna tontería, es algo muy fuerte y significativo. Así que la primera vez que hice las X, las hice en forma de pendientes, como si fueran un beso en cada oreja. Y luego el Scribble fue simplemente un lindo trazo de lápiz sobre la ropa, como un broche.

JL: Recuerdo que tu colección también incluía ópalos de fuego color naranja, los cuales eran una piedra completamente ignorada por la industria joyera en ese momento y que tú popularizaste de la noche a la mañana. ¿Por qué el naranja y otras piedras de color?

PP: Cuando entré en Tiffany, tuve una reunión en la sala de juntas. Cubrieron la mesa con cientos de piedras de diferentes colores y me dijeron: «Escoge lo que quieras». Estaba absolutamente fascinada por lo que la naturaleza podía producir. No sabía que podíamos tener colores tan extraordinarios y vibrantes. Empecé jugando con ellas y combinando diferentes colores que me parecía que quedaban bien. Mi corazón me impulsó a quedarme con los más brillantes de todos, así que por supuesto las rubelitas y los ópalos de fuego se volvieron mis favoritos. Me encantaba hacer combinaciones interesantes de amatista y tsavoritas o de amatista y rubelitas. Me divertí mucho jugando con todas esas piedras y descubriendo que la naturaleza no tiene límites en lo que puede producir.

JL: Además de eso, estaba tu amor por la escala amplia, tanto en gemas como en monturas. ¿De dónde surge esa audacia?

PP: Pienso que no podría evitarla. Es simplemente lo que me sale y lo que me sienta bien. Dado que siempre me he visto como mi primer cliente, primero pienso en diseñar para mí misma y espero que a otras personas también les guste. La primera joya que hice era realmente audaz y grande en escala. No fue hasta que visité Japón para Tiffany cuando me di cuenta de que algunas personas preferían una escala más pequeña. Fue todo un reto para mí porque mi propensión natural es crear piezas grandes. Fue una progresión reflexiva poder diseñar joyas más pequeñas y delicadas. Al principio tuve que pasar por un proceso mental de encogimiento. Pero siempre me han gustado los retos, y estoy muy contenta con esta evolución creativa.

JL: A medida que pasaba el tiempo en Tiffany tu estilo evolucionó, pero mantuviste el look Paloma Picasso. ¿Cómo lograste esa evolución?

PP: Si diseñas ciertas cosas y estás contenta con el resultado, al día siguiente no vas a hacer lo mismo porque te aburrirías. Pienso que hay una evolución natural que nos impulsa a avanzar.

«El primer acto de la creatividad consiste en alejar de ti las cosas que no te gustan».

«El sentido del movimiento y de la luz es muy importante. Una pieza de oro forjado cuenta una historia distinta durante el día que durante la noche».

COMPRE HISTORIA

JL: El diseño tiende a alimentarse de sí mismo.

PP: Exactamente. También pasa, como dije alguna vez, que hay una rubia dentro de mí, y a veces tengo que dejarla salir. Así que no solo diseño para mí misma.

JL: Paloma, compraste una casa en Marrakech hace unos años. Y el diseño marroquí te inspiró. ¿Qué te atrajo de sus cuadrículas y sus patrones?

PP: Bueno, mi tendencia natural es diseñar curvas y círculos. Pero de vez en cuando tengo que probarme a mí misma que también soy capaz de diseñar con líneas rectas. Y solo líneas rectas resultaría muy aburrido. Así que me fijé un nuevo reto, el cual fue «¿qué puedo hacer combinando líneas rectas que formen patrones interesantes?». Y en Marruecos, tenía montones de patrones así a mi alrededor.

JL: ¿Qué es lo que más te inspira hoy, ahora mismo?

PP: A menudo trabajo con mi marido, Eric, y hablamos sobre temas. Él tiene un ojo maravilloso para el diseño y fue el primero que me impulsó a hacer joyas para hombres. Después de todo, ¿por qué habría de diseñar solo para mujeres? El punto de vista de un artista no tiene sexo; no es femenino ni masculino. He tenido mucho éxito desarrollando líneas para hombre que están usando tanto hombres como mujeres.

JL: Eric y tú tenéis una relación con los coches y la navegación que es casi técnica. ¿Ha tenido esa relación alguna influencia en tus diseños para hombre?

PP: Algunas de las influencias para mis diseños de hombre vienen del hecho de que durante años hemos hecho muchos rallies, porque la estética de esos coches viejos era muy importante para mí. Mi primer coche fue un viejo Mercedes convertible; y luego mi padre, cuando era pequeña, tenía algunos coches americanos. Pero también tenía su viejo coche de la Hispano-Suiza de principios del siglo XX. Siempre me fascinaron los tableros de mandos. Así que tomé toda esa estética, esa información mecánica, y la convertí en joyería.

JL: ¿Cómo ves la evolución de tu estilo y qué te fascina más del futuro?

PP: Creo que puede que haya más ligereza en mis joyas que al principio. Para mí, el sentido del movimiento y de la luz es muy importante. Una pieza de oro forjado cuenta una historia distinta durante el día que durante la noche. La luz hace que parezca que está en movimiento. Y pienso que la vida es movimiento y luz.

JL: Porque las joyas están siempre en movimiento.

PP: Exactamente. Una pieza de joyería debería hacerte sentir más vivo y hermoso. Esa sensación táctil y sensual, tan propia al usar una pieza de joyería, es importante. Es necesario que la persona se sienta bien al llevarla.

JL: Cuando echas la vista atrás y piensas en todas las joyas verdaderamente maravillosas que has creado, ¿cuáles son las que siguen sobresaliendo para ti o por las que sientes un afecto especial?

PP: Creo que posiblemente la primera que hice cuando entré en Tiffany, que era un gran conjunto de cuentas de oro enormes con unos cuantos diamantes sobre ellas, rodeados por una delgada línea de oro blanco. Y siento mucho apego por mi pulsera Olive Leaf, me la pongo todo el tiempo. Pero la joya más interesante es la que todavía no ha surgido.

VER PALOMA PICASSO

Arriba, de arriba a abajo: ©2016 The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc./Artists Rights Society (ARS), Nueva York. © International Center of Photography/Magnum Photo. ©2016 The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc./Artists Rights Society (ARS), Nueva York.